Hoy en día, mucho del chocolate que hay por ahí está hecho para que siempre sea igual. Mismo sabor, mismo brillo, misma textura… y está bien, funciona. Pero claro, ahí se pierde bastante de lo que es realmente el cacao. Cuando todo está tan controlado, al final ya no sabés muy bien qué estás comiendo.
En cambio, cuando el chocolate es artesanal, pasan otras cosas. No siempre sale exactamente igual, y eso no es un problema. Es más bien al revés. Tiene que ver con el origen, con el cacao, con cómo se trabaja. Igual que un vino o un aceite, hay pequeñas variaciones, matices… cosas que van cambiando y que, de alguna manera, lo hacen más real.
En Abuela Ili trabajamos un poco desde ahí. Sin obsesionarnos con que todo sea perfecto o idéntico. Nos interesa más respetar el producto, que tenga su carácter. Que cuando lo pruebes, haya algo que te diga que esto no es una cosa industrial hecha en serie.
Y bueno, al final es eso. Un chocolate que sabe a lo que tiene que saber.


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